En 2016, los flujos de Inversión Exranjera Directa (IED) en el mundo descendieron el 13%, según datos recientes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Los negocios que se concretaron el año pasado alcanzaron, en todo el globo, un volumen de U$S 1,53 billones. Sin embargo, el descenso de la IED exhibe las dificultades actuales que afrontan los negocios internacionales. La Argentina no es ajena a este marco.
Aunque todavía no están disponibles los datos anuales sobre el volumen de inversiones extranjeras en el país, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) midió, hasta la fecha, tres trimestres de 2016. En ese plazo, que permite visualizar el comportamiento anual, las IED en la Argentina fueron de U$S 4.780 millones.
Un estudio de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), que dirige Marcelo Elizondo, advierte que, de modo preliminar, puede afirmarse que en igual período de 2015, la inversión extranjera en el país habia sumado U$S 9.557 millones. Por ende, verifica una desplome de casi el 50%.
La llegada de inversiones, tanto internas como externas, es una de las principales preocupaciones del Gobierno nacional para revertir la caída de la economía y el desempleo. No obstante, a juzgar por los dato del informe, el ingreso de capitales foráneos es uno de los indicadores que el Gobierno aún no logra revertir.
Un entorno favorable
La consultora DNI explica que el arribo de inversiones extranjeras no obedece sólo a buenos propósitos, sino a la instauración de un contexto de negocios adecuado. “Los factores que empíricamente se han relevado como pilares para una mejor recepción de inversiones son: bajos impuestos, mejor infraestrcutura, regulaciones laborales, burocracia gubernamental, honestidad en el entorno, financiamiento, capital humano, control del delito y regulaciones macroeconomicas”, subraya el informe.
“La Argentina había sido un país con relevante participación de las IED. Pero en los últimos años quedó fuera de los grandes flujos de capital, y ello ha hecho que el acervo de inversiones más bajo que economías como México o Brasil”, señala la consultora.
En la región, Brasil fue el único país (pese a su crisis) que figura en el grupo de 10 principales receptores de IED en el mundo. De todos modos, el flujo de ingreso de capitales en Brasil bajó desde U$S 65.000 millones en 2015, a unos U$S 50.000 millones en 2016. Los otros receptores de la región fueron México (U$S 26.000 millones) y Chile (U$S 11.000 millones).
Para configurar un entorno adecuado para inversión, la Argentina necesita, según DNI, alcanzar los pilares de competitividad: mejores instituciones, educación y salud públicas, eficiencia de los mercados, tecnologia disponible, amplitud del mercado y calidad en la ejecución de los negocios.
No obstante, la consultora también remarca como indispensables la dimensión del mercado, la transparencia y el control de la corrupción, la seguridad pública, la innovación en el ambiente, instituciones tributarias serias, apertura comercial financiera y de capitales; incentivos, acceso a recursos naturales, acuerdos comerciales internacionales y vigencia del derecho de propiedad.
A todos estos elementos DNI añade la necesidad de reducir la presión tributaria, que en la Argentina es muy alta en comparación con otros países de la región, y de incrementar la apertura comercial. “La inversión extranjera requiere de importaciones y de exportaciones. La Argentina sigue teniendo una baja participación del comercio exterior en relación a su Producto Bruto Interno (PBI), de alrededor del 15% mientras. En el mundo ronda el 28%”, concluye el informe de la consultora DNI.